lunes, octubre 24, 2005

Retratando

He visto muchos frentes de casas ahora que mis tareas de fotografía me exigen salir a buscar un elemento retratable. Me he dado cuenta que me gustan las puertas y ventanas, me gustan las formas diferentes en ellas. También me entretengo viendo las plantas que crecen en los techos o en las paredes, las veo como un inquilino más de cada domicilio, también como un polizón de la nave que una casa es. Me he dedicado a tomarles fotos para algún día hacer una colección que se llamará “raíces urbanas” o algo así.

También me he hecho a la costumbre de salir con cámara a todos lados. Ahora uso la de Kenneth, mi hermano, que es mas pequeña que la mía y además es digital, lo que me permite tomar las fotos que quiera sin el dolor de pagar por revelar. Aunque hay días en que solo se vuelve un estorbo, la mayor parte del tiempo me alegra poder traerla conmigo. He llegado a tropezarme con formaciones de nubes asombrosas, también ha habido días en que los colores de los cerros me llenan los ojos, es cuando hago inolvidables esos momentos, son míos y los quiero compartir. La fotografía permite que le muestre a la gente como veo a través de mis ojos, así como saber cómo miran los demás fotógrafos.

Una de mis más queridas y no bien procuradas colecciones es “Milena en bancas” donde retrato a mi novia cada que estamos en un parque diferente y ella siempre termina diciendo algo como “bórrala” o “hay que fea salí”. ¿Cómo hay gente tan sin chiste que no deja de mirarse al espejo y encontrarse atractiva? Cada quien es ciego a su propia belleza, así que yo debo ser hermoso ya que me miro y me miro y no la encuentro. Más aún, siempre termino borrando mis fotos y guardando las de Milena.


Me agrada la fotografía, me gustó haber aprendido a hacerla a la manera difícil, a blanco y negro, incluso pensé que le sacaría más provecho al arte que encierra el solo hecho de trabajarlas, pero me he inclinado más por tomarlas y disfrutarlas al momento.

Me agrada combinar dos pasiones: ésta, la fotografía; y la escritura. Con ambas creo cumplir una misma meta, hablarle a mis futuras generaciones de mí y del tiempo que me tocó vivir, contarles a mis hijos y a mis nietos acerca de sus padres y sus abuelos. Espero que ellos disfruten verlas tanto como lo estoy haciendo mientras las hago.

Los invito a hacerse de una cámara, y sacar cuanta fotografías puedan, es incluso para uno mismo una terapia muy buena el verse en antiguas fotos, acompañado de gentes queridas, en lugares que la vida nos ha hecho dejar atrás. Porque la vida sigue y el tiempo no para, pero al menos podemos sacarle un retrato.

lunes, octubre 17, 2005

Su reflejo

La voz de la rana se escucha en la noche clara. Su murmullo llena el aire de armonía. El humilde charco en que habita es esta noche un palacio. No canta para ella, sino para su acompañante, una luna que sumergida la visita. Le cuenta de todo, del día y de su espera; mucho tiempo hace ya de su última platica, le cuenta que incluso llovió. La luna a veces quieta a veces bailarina la escucha seria, con esa cara de alegría que a la rana cautiva. Si el viento sopla y el charco trepida la rana cree que tiene frío, así que la distrae de ello con su fluida platica. Parece a veces que se sumerge más y la noche se oscurece un poco. La rana se entristece y se va despidiendo conforme la luna va acercándose a la orilla opuesta por donde llegó, le canta más suave para convencerla de quedarse, aunque la prisa de ella es mayor conforme se aleja. La rana recuerda lo solitario que es el charco cuando la luna no la acompaña. Decide confesársele y salta a abrazarla. No la encuentra, se ha ido, la ve lejos, en el horizonte, reflejada en otras aguas, asediada por las nubes que pasan ajenas. Ahí ella, contra la corriente, no se ve tan alegre. Más fuerte le grita “vuelve” mientras de su charco sale. Al agachar triste la cabeza la ve surgir desde el fondo, como un pececillo que se asoma a respirar. De la emoción pega saltos y se alegra de poder hacerle compañía un rato más, como si la luna fuera quien la compañía ansiara. La noche ha sido larga y la rana le canta la canción final mientras contempla su alegre cara, antes de que parta y regrese cansada, marchita o fraccionada como en otras noches no tan claras y que no desea hablar.

Cuento sobre Rieles 2005