jueves, febrero 16, 2006

Caminos Cruzados

La parada del camión estaba demasiado oscura. Detrás de mí quedó la puerta de un bar. Sonaba una música melancólica, de borrachera. Sentí asco. Tanto se tardó el camión que vi cómo los últimos clientes se iban y el lugar cerraba.
Peor se volvió la oscuridad, ni la luna se asomaba. El cielo ennegrecido y las tenues sombras me hacían sentir como en un cuento. Ni un carro pasaba ya, ni siquiera a la distancia. El silencio, la oscuridad, la quietud, el miedo, eran de muerte.
¿Qué era ese destello? Parecía la luz de un cigarrillo. ¿Estaba acompañado? Creí ver la silueta de alguien en la acera de en frente, ¿Desde cuando... ? Llevaba esperando una hora, quizá más. No sabía qué hacer o de qué otro modo regresar a casa. ¿La luz? Se extinguió. Todo fue negro de nuevo. No volví a ver a nadie. Aquello me provocó un mayor temor. Permanecí quieto por largo rato, aguzando ojo y oído.
Allá venía el camión ansiado, lo detuve, subí, pagué. Me sentí aliviado.
Al arrancar el chofer me preguntó: "Oiga, el señor que estaba detrás de usted, ¿Qué ruta estaría esperando?"



miércoles, febrero 15, 2006

Tic tac

Perdí la caja de recuerdos que tenía. Guardaba memorias que nunca fueron mías. Tuve la llave mucho tiempo y ahora ya nada puede abrir. Mi padre me contó lo que en ella había. Contenía gratas historias de mi abuelo que ya no conoceré. Tanto tiempo estuvo ahí, en el mismo lugar. Tanto que no vi las señales que decían “mi tiempo acaba”. Me confié y olvide el tic tac. Me deje engañar por su humilde exterior. Un punto de referencia, solo eso significó para mí por mucho tiempo, solo eso y nada más; nunca tanto como ahora.
A mis hijos tendré que contarles lo que pudo haber, les contaré la historia de mi caja y su trágica pérdida. Pero lo más importante es que yo mismo pondré tesoros, recuerdos e historias en algunas otras cajas, para que ellos puedan decidir si las abren o las dejan pasar.


A don Aparicio (+)

lunes, febrero 13, 2006

El canto de las Sirenas

El canto de mis hermanas hace que el mar se haga profundo y se sumerja en si mismo. Enamoran al viajero atrapándolo en sus redes, como espuma de mar que se deja mecer por las olas. Yo podría escuchar su increíble melodía eternamente, la disfruto hasta lo más profundo de mi ser. La música de la luna llena brillando sobre el mar. La canción de mi alma.

Cuando el sonido de las sirenas llena mi mente, la calma se cuela en mi ser, como la arena que es arrastrada desde la orilla hasta el océano, infinito campo de sueños que me gusta contemplar de noche. Los momentos agradables te los quisiera dar a ti, como si se trataran de la perla más preciada. Solo hay una cosa que anhelo más que el canto de las sirenas: Estar contigo por siempre.



(para tí, Milena)