martes, septiembre 13, 2005

Crónica de un día

Dejé que transcurriera toda la semana para elegir entre el mejor día, aunque yo sabía que los mejores días de mi semana serían el sábado y el domingo. Es simple: son los días que estoy con Milena (mi novia), y siempre me suceden las mejores cosas al lado de ella. Éste sábado fue diferente a los anteriores: no fuimos al cine. En cambio empacamos comida y fuimos a buscar una banca al Parque Fundidora.
Encontramos una banca en una sombra amplia al lado de la plaza B. O. F., donde están haciendo trabajos de mantenimiento, como en muchos sitios de Fundidora. La comida constó de sandwiches y la bebida fue una limonada con menta que llegó deliciosamente helada al parque. El descubrimiento del día fue el aderezo Ranch de tres quesos, que resultó estar exquisito. Después entramos a la Cineteca a ver la exposición “Salón de la Fotografía”. Lo mejor de esa tarde fueron las fotografías de las nubes que logramos. Milena tiene un ojo artístico extraordinario, aunque mi foto de la pequeña cascada fue la mejor, en mi humilde opinión.
Todo el parque temático es un caos, ya que a causa del circo y los trabajos de mantenimiento o remodelación, muchas cosas están fuera de su orden, como la pista, que ya no es un circuito de ciclistas. Incluso es peligroso recorrerla porque los vehículos tienen que atravesarla para usar el área de estacionamiento designado para el circo que se encuentra detrás del hotel. Por esto mismo, el tren de recorridos ha suspendido sus actividades. El lago aceración está drenado y los patos buscan refugio en el arroyo artificial que corre desde el frente del zócalo de las oficinas hasta el área de snack detrás de la Cineteca. Las oficinas también están bordeadas por malla y plástico que se utiliza en la construcción. Llegamos a la conclusión de que aquél apacible kiosco que se encuentra en la esquina sur-poniente posiblemente desaparezca cuando empiecen los trabajos para empalmar el paseo Santa Lucía al parque.
Regresamos a casa caminando para poder pasar al “súper” y comprar algo para la cena. Se trató de algo informal, unos fritos para probar el aderezo de cebolla francesa que nos esperaba en el refrigerador y acompañamos esto con unos “ice cream soda”, pero de chocolate.
Nos acostamos a ver la tele y permanecimos así hasta las 2 de la mañana, cuando fue lo suficientemente tarde como para ir a dejar a Milena en su casa. En el camino, repetimos el viejo ritual de “¿qué haremos mañana?”, le comente mis intenciones de ver tele todo el día y le pareció bien, así que pactamos ir a misa de medio día en la Luz para después ir a ver las repeticiones de las series de toda la semana. Regresé, llamó Kenneth (mi hermano) para decirme que se iría a Reynosa a ver a los viejos, y me acosté a dormir. Fue un largo día, incluso para haberme despertado a la una de la tarde.

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